RESUMEN

El presente trabajo es un comentario sobre la película Transamérica (2005) que fue presentado en la Sociedad Freudiana de la Ciudad de México el 13 de junio de 2015. En éste se plantea la emergencia de los cuerpos transexuados como una denuncia de la caída a la inmanencia del sentido epocal del cuerpo moderno. Noción bajo la que el psicoanálisis fue constituido y por la que es urgente pensar lo transexual no solo dentro del aparato psicoanalítico sino como una oportunidad para pensar la posible apopiación de un cuerpo que aún no ha sido nombrado y en el caso de existir como una tercera opción al binomio hombre-mujer; abrir campo a pensar las consecuencias que pudiera tener en la estructura biopolítica que nos constituye como cuerpos hoy.

PALABRAS CLAVE

Cuerpo, Psicoanálisis, Transamérica, Transexual, Transgénero.

TRANSAMÉRICA

La película plantea múltiples cuestionamientos que son irreductibles al espacio de este trabajo por lo que mi tarea de poner los temas que pensaría prioritarios fue dura. A lo largo de este trabajo notarán que la psicodinamia no fue uno de los temas que consideré prioritarios porque el tema que me interesa primero es la de pensar el agenciamiento a través del cual pensamos en delimitar el cuerpo transexuado. Esto no debe ser confundido con una desestimación de la psicodinamia. Es importantísimo en el trabajo psicoanalítico comprender cuándo aparecen desmentida, forclusión y represión pero en este momento pongo énfasis en pensar aquello de lo trans que escapa a esta manera de escucha: trabajo imposible pero donde se ha de hacer un esfuerzo por pensar.

Si he de delimitar de lo que trata la película, Transamérica (2005) es una historia de dos personas tratando de comprender quienes son y qué significa formar parte de una filia en donde prevalesca el cuidado y respeto, cómo hacerse de una ley propia cuando no se ha contado con ella. Los dos personajes se afrontan a un tremendo dolor, donde luchan como puedan en el intento de integrar momentos psíquicamente devastadores.  En su esfuerzo aparecen dificultades pues casi todo el esfuerzo había estado en rechazar la existencia de conflicto alguno.

En este sentido, la película es transformadora  y nos muestra en la interacción de dos personas las fluctuaciones entre momentos esquizoparanoides y las luces de la posición depresiva y cómo donde habría prevalecido la muerte como un proceso desligante, va apareciendo la vida y el deseo de filiación, de compartir, de llevar una vida digna de ser vivida mejor y de una vida bajo los marcos de una ley propia. ¿Cómo hacerse de esa ley cuando se trata de dos personajes cuyo cuerpo está a la periferia de los límites de la esfera social? Se trata de cuerpos fuera de la ley donde al mismo tiempo buscan de una legitimación.

Si bien la película es acerca de una relación, la óptica gira en torno a Bree al ponerle a la película “Transamérica”. Es acerca de Bree en su relación siempre con otro que ha sido rechazado de sí:  Bree con Stan, Bree con su familia de orígen, Bree con su hijo. Bree siempre con otro que aunque existe, se rechaza de la esfera de lo inteligible. Existen, pero no y solo existen hasta el momento en que es ya intapable su presencia.

El encuentro de ambos personajes es  verdaderamente afortunado, la experiencia se torna acontecimiento pues entre esa inteligibilidad del cuerpo del otro y por lo tanto del propio, aparece una posibilidad de una vida con más espacio para ser habitada. En Ben se vislumbra un deseo de pertenencia a una familia, de conocer a su padre y a momentos parece que desde un inicio supiera que Bree lo era. En Bree, el deseo de ser respetada y de ser nombrada como un cuerpo que importa[1]. Esto va tomando mayor claridad en su encuentro y los dota de vida pese a sus dificultades ante el goce que obtendrían en sus vidas a través de otras cosas. Es este triunfo de dos personas y sus torpezas ante las vicisitudes; lo que hace constantemente de esta película una película tierna, con la que podemos empatizar. Es una película llena de lucha.

Me pregunté mucho por qué si la película principalmente es acerca de la relación entre uno y otro excluido, decidirían que se llamaría Transamérica. Es evidente que cuando vemos a una persona trans existe un impacto ante la ruptura de nuestra propia noción binómica de diferencia de los sexos[2]. Nos quedamos tan perplejos como la niña curiosa que aparece en la escena en el restaurante de paso y pregunta: ¿Qué eres, hombre o es mujer? O podríamos también como es común en la vida de Bree, negar la existencia del cuerpo que aparece ante nosotros o quitarle su inteligibilidad porque formamos nuestro cuerpo a partir de la desaparición de aquel.

Pero lo trans es asunto de todos pues converge en la creación de nuevas normas que deconstruyen nuestras nociones binómicas de la diferencia sexual y que nos viene a traer retos a las personas que nos dedicamos al psicoanálisis porque el psicoanálisis viene de una noción moderna del cuerpo en donde se tiene o no se tiene el falo y donde el fin último de la vida es dar vida.

Incluso en eso termina la salida femenina para Freud: en tener un hijo y en pensadores un poco más aventurados en algo más allá del goce entre tener o no tener. ¿Qué pasará con la teoría psicoanalítica si esa noción se deconstruye y la ley regulatoria pasa a ser otra que la diferencia enraizada en tener o no tener? Avanzaré en esto poco a poco porque estamos pasando una crísis epistémica del cuerpo pero para hacerlo regreso a la cuestión del nombre de la pelicula.

El título Transamérica tiene que ver con el intento de dar nombre a un cuerpo que es difícil nombrar. Es una película acerca del tema que un transexual personifica: Repito,  ¿Cómo un cuerpo que es excluido (de la sociedad o de uno mismo como una entidad separada) puede hacerse de una ley?

Acerca de esta cuestión de dar nombre, por ejemplo, hay otra película que se llama Naomi Campbell  donde Yermén es una transexual en sus mediados treinta que trabaja como tarotista. En busca de una operación para terminar con el proceso de transexuación, decide probar suerte en un programa de televisión sobre cirugías plásticas, donde conoce a una inmigrante que desea operarse para ser igual a Naomi Campbell. En la película se ve a Yermén intentando historizarse pero la película toma el nombre de Naomi Campbell en lugar de Yermén. Es decir, su nombre queda forcluido en su intento por historizarse. Éste asunto de dar nombre a lo diferente es lo que quiero resaltar en esta discusión.

Lo que a mí me interesa es pensar la cuestión ética a la que el psicoanalista se enfrenta ante un transexual, cómo dentro del psicoanálisis damos nombre y si se puede hacer justicia a un cuerpo, decidir si se le puede hacer una operación o no y cómo estos cuerpos transexuados introducen una nueva crísis del concepto de cuerpo que incide directamente en la teoría psicoanalítica.

Lo quiero pensar así porque de pensar exclusivamente en la psicodinamia, estaremos dando un nombre que de cuerpo a un cuerpo que está apenas por nombrarse (digamos por ejemplo, psicosis) cuando esos cuerpos primero que ser nombrados, aparecen para mí como una denuncia no pensada pero actuada a la noción de cuerpo desde la era moderna. Esta tésis la explicaré más adelante.

Decidí ir a las entrevistas al director (Duncan Tucker) para escuchar qué tenía que decirnos el acerca del nombre de su película y explicó que dos años antes de comenzar a grabarla conoció a una mujer fascinante que se convirtió en su mejor amiga. Cuando el momento llegó en que Tucker le contó las cosas más personales de su vida en un bar, su amiga le dijo que ella le quería contar algo muy personal. Le dijo que ella antes había sido hombre. Tucker reaccionó diciéndole que era muy impactante y que le agradecía la confianza de introducir ahora algo que le costaba decir, que ya tendrían tiempo para pensarlo más y siguió la conversación. A Tucker  le pareció impactante esto y es así que decidió hacer esta película, en un intento de nombrar lo que pasaba con su amiga, una persona a la que veía como una mezcla bella entre un vecino raro y una señora chistosa. Me pareció inusual su reacción, quiere pensar dentro de un aparato inclusivo e integrador y transmitirlo así.  Me parece interesante pues es una postura que cabe a que se piense más. Esto me hizo pensar en que no se debe confundir el uso del diagnóstico como algo para no pensar otras cosas pues suele tener el diagnóstico una función protectora del cuerpo del analista. Pero en esos momentos que nos pasan a todos y a todo momento, los momentos en que nos detengamos y que incluso seguramente ahora aparecen en mi trabajo de alguna manera, será necesario hacer lo que haya que hacer para luego seguir pensando juntos. Y esque solo a partir de la no inteligibilidad de un cuerpo hacemos del cuerpo propio un cuerpo inteligible dentro del marco social. La siguiente pregunta es cómo nosotros considerar inteligibles aquellos cuerpos que pujan por su no inteligibilidad dentro del marco social. ¿Cómo la dinámica de lo inteligible y lo ininteligible se da dentro de nuestra consulta? Eso tendrá que ver con nosotros de manera directa, con la inteligibilidad de nuestro propio cuerpo y de los espacios que hay para la inteligibilidad de los otros y de lo no pensado.

Esto es central. Michel Foucault no dejó su encuentro con el archivo de la exclusión. En La Historia de la Locura[3], explica cómo desde el siglo XVII la locura quedó cosificada por la reflexión crítica, encerrada y exiliada con otras formas de marginalidad, de delitos y enfermedades, se convierte en una falta, algo a esconder. Los reportes se entregan de mala manera a los ojos que los descubren. El destino de los personajes de estos archivos se convierte en un destino fracasado en el encierro de lo que a través de su locura se buscaría transmitir. Se dice a partir de entónces que están fuera de la razón los que viven al márgen de las normas sexuales, familiares y religiosas como si ese fuera de la razón les excluyera como portadores de una razón a pensar. En el siglo XVIII cuando efervesciera un fulgor científico, planetario, filosófico o litrario en alguien se le comenzaría a decir que tiene la cabeza recalentada y entónces en los registros de internación aparecerían los diferentes como “tornillo flojo” por haber criticado a la monarquía, acompañado a los filósofos en sus utopías o como enfermos mentales.  En La vida de los hombres infames[4]se explica a los archivos de estos hombres como una brecha para acorralar el sentido que huye continuamente, un lugar desde donde se puede captar lo indecible – a pesar de no obstante ser discurso-. El horror es una posición donde ante el hombre infame nos vemos confrontados, esta posición no prohibe nada pero obliga al movimiento para protegerse de la invasión que nos causa, acompalarlo con sentido que queda apresado en la pasión del horror. De ahí este ejemplo que cuento: ante la visión de lo transexual decir de inmediato que es psicosis, sentido dotado a través del horror. Escuchemos los mecanismos psíquicos en el caso por caso pero también mantengámonos estupefactos ahora ante lo transexual que es la postura del pensador en su lucha con el no-saber y la pérdida de sus útiles aprehensiones de lo real.

Lo transexual, es algo que no hemos de archivar para su rechazo sino que hemos de quedar estupefactos y pensar. ¿De dónde vienen estos personajes de archivo, de dónde viene Transamérica en la película? De la experiencia del director que nos abre a pensar lo transexual de una manera más integradora. ¿De dónde vienen las nociones de lo transexual escritas en el psicoanálisis? De historias de caso. ¿Esas historias de caso han sido revisadas a través de un panóptico en donde el transexual es observado mientras se decide si se le va a hacer una operación o no?  Ese Otro, médico, psiquiátra, psicólogo que observa y decide por el destino del sexo de esa persona no puede ser la posición del analista.

Una de las finalidades que pienso como más importantes del psicoanálisis es desenmarcarse de esos ejercicios de autoridad biopolítica, el uso del diagnóstico pero además una escucha más allá de el, para ofrecerse al sujeto como una posibilidad de pensar sobre su posición y de hacer un acompañamiento en un proceso en el que las dificultades subjetivas y sociales son enormes. ¿Hasta qué punto el trans disloca su identidad pasada por la existencia de la disforia de género como nosología en un mal de archivo? El hombre infame es ese que ha sido llevado a la luz porque ha sido capturado en sus vociferaciones de verdad pero no es más después que un estilo de vida rechazado por los mecanismos de poder pero llevado  a decirse por él.

Aquí me detengo en un momento de la película que me parece central y que inaugura este largometraje. Bree está viendo a una mujer hacer “aaa” y diciendo “ésta es la voz que quiero usar”. Ella repite una y otra vez esta frase. En la llamada telefónica utiliza esa voz como desde un inicio haciendo ver que una voz la vive.  Se maquilla y sale de su casa vociferando, como practicando la voz que debe fingir en su entrevista con el médico para poder operarse. Desde este momento, ya existe por un lado,  un sujeto bajo la lupa de alguien que ha de imputar un dictamen por lo que quiere; y por otro, algo de sí que lucha por lo que quiere más allá de lo que la política para cambiar de sexo le imputa. A las preguntas que conciernen a su vida antes de comenzar el proceso de cambio, miente como si hubiera que esconder algo de su vida de manera dramática. Por ejemplo si se ha intentado suicidar o tiene familia a lo que responde que no. A las preguntas del presente responde con claridad e incluso se defiende ante la tecnología de poder que se le está imputando.

Doctor: La asociación psiquiátrica califica la disforia de género como un transtorno mental sumamente serio.

Bree: Después de una operación nadie podrá ver nada fuera de lo ordinario en mi cuerpo. Seré mujer. ¿No encuentra raro que la cirugía pueda curar un desórden mental?

Y en ésta pregunta se abre una posibilidad en Bree para pensar a la que el médico con angustia tapa con preguntas diagnósticas que cumplan con el diagnóstico de disforia de género: “¿No le gusta su pene?” Si el médico hubiera tenido la flexibilidad de transmutar de médico a una posición de escucha le habría preguntado si ya se siente enferma o qué tanto hay de extraordinario en su cuerpo.  En esa enunciación Bree está dejando ver que hay algo raro en su cuerpo, que no es visto como un cuerpo legitimable y el médico la aprisiona. ¿Es acaso esto hacer justicia a un cuerpo? Esto para mí es un ejemplo de cómo el poder hegemónico heteronormativo produce ciertas formas de cuerpo, género e incluso de sexo. Bree tendría razón, no es ridículo que el Otro decida la línea entre una enfermedad mental y una “reasignación de sexo”.

Incluso el término reasignación de sexo habla de que alguien decidirá no solo qué sexo tendrá una persona después de la operación sino incluso qué sexo tuvo como originario, poniendo al médico como un dador de ese orígen que se le ha negado. Es decir, ahora el médico con el término “reasignación de sexo” no es ya solo un instigador de una tecnología de poder sino que el mecanismo se duplica al convertirse en un redentor hacia una supuesta libertad de la persona de la que el mundo le habría excluido al decirle que es hombre y no mujer. Aura redentora que la terapeuta tiene. ¿Hasta qué punto cuando Bree más adelante se encuentra con su madre y le dice que ella nunca tuvo un hijo hombre sino una mujer es consecuencia de esta tecnología de poder? De haber tenido consecuencia, podríamos preguntarnos hasta qué punto la división en Bree entre Bree y Stanley es facilitada por los requisitos de su propia operación. Y aún más lejos, ¿Hay manera de hacernos como sociedad de una ética para la operación de cambio de sexo?

Hasta aquí varias cuestiones. Ahora procedo a lo que de lo transexual me parece urgente para pensar y que genera una enorme angustia. Ahí va:

Beatriz Preciado[5] hace un viaje epistémico-político a través de la historia del útero y a través de una genealogía crítica, deconstruye y resignifica la noción del cuerpo como propio. El útero aparece en un momento histórico dado, aparece en un conjunto específico de relaciones saber-poder hasta convertirse en un órgano encarnado, produciendo la ficción de la madre como cuerpo reproductivo. La matriz, el útero se convierte como un espacio de gestión crucial para producir el cuerpo del estado, de la nación.  Estamos en un momento de crisis epistémica del cuerpo con la aparición de diferentes tecnologías para tener hijos y con la emergencia de lo transexual como una posibilidad. Ella se pregunta entonces en qué momento histórico entra la ficción del cuerpo femenino y el cuerpo materno para a través de su investigación, para concluir que el cuerpo de la mujer como espacio reproductivo es una ficción política específicamente moderna.

El cuerpo se conforma en torno a una noción epocal específica. Antes, en el siglo XVIII, el útero era representado como un vaso que flota en un espacio vacío y Preciado entonces se pregunta en qué cuerpo está situado ese útero si flota para responder que en un espacio que no le pertenecía a su propio cuerpo: el espacio del Pater Familias. La reproducción entonces se daba en la gota de esperma y no en el cuerpo femenino. La vagina era pensada como un pene invertido, ontológicamente fallido que como ya se mencionó, no podría en si llevar a cabo el proceso de generación. El útero que sería un útero flotante, sostenido por la palabra de Dios, en algún momento caería a la inminencia, a la idea de un útero que es de la mujer. Esa caída a la inminencia es restricción a la soberanía patriarcal. A través del reclamo de la noción de propiedad se producirá una saturación del cuerpo femenino en un útero reproductivo. Pensémoslo como un cuerpo-lugar.

¿Hasta qué punto los cuerpos que aparecían en la histeria son comunicadores de esta caída y de la dificultad de apropiación de un útero volador? Freud introduce la teoría psicoanalítica a partir de la histeria. Hoy casi todos los artículos psicoanalíticos acerca de le feminidad mencionan algo como “no se puede pensar feminidad sin pensar en histeria”. Y yo me pregunto ¿Y por qué?

La diferencia de los sexos (psíquica, no diferencia sexual) ha venido dada por algo que las histéricas denunciaban y que dejó intrigado a Freud hasta las consecuencias de su pregunta qué quiere una mujer. El Edipo masculino quedaría como algo claro pero la mujer, el continente negro. Esa noción de diferencia sexual desemboca en tener o no tener. Tener o no tener es justamente la noción de propiedad que se apunta a pensar en la era moderna.

Freud pensaba que el ideal fuese la perpetuación de la especie y la creación de la familia, esto es una vez más la noción de propiedad. Su época le impediría pensar que estuviese cruzado por ese ideal y que el ideal fuera cultural dentro de ese sentido epocal específico que forma al cuerpo. Hoy otros cuerpos aparecen en escena para denunciar con su cuerpo algo de este ideal. ¿Si hoy aparece una gran denuncia de comunidades que portan lo gay, lo transexual, lo transgénero, lo queer la reproducción asistida: qué de esos cuerpos transforman el ideal cultural? ¿Es posible que se genere una nueva tecnología de poder diferente a la de Tener o no tener? Es decir, ¿Podemos pensar que existe un tres que está por nombrarse?

El cuerpo de la mujer deja de ser una pertenencia hoy para convertirse en un cuerpo que cambia, un cuerpo erógeno que denuncia el polimorfismo de la sexualidad. El “perverso polimorfo” de Freud. ¿Qué de la idea de propiedad -a través del embarazo y la creación de la familia- , ha sido movido en estos cuerpos?

El psicoanálisis ha sido la única disciplina en pensar a un bebé como el falo de su madre. Bajo el esquema creado por este, cómo podría Bree constituir su cuerpo en relación filiatoria con su hijo?  ¿Cómo la introducción de un cuerpo transexual en la noción heteropatriarcal de la familia modifica las normas y los ideales de la familia y la diferencia?

Yo concluyo hasta ahora que la crísis epistémica del cuerpo hoy tiene entrada a pensarse en la pregunta por cómo un cuerpo puede apropiarse de algo que aun no le pertenece. Esto apunta también a una noción que al mismo tiempo es freudiana en su relectura. La noción de Lo Sexual. Cada persona tiene una vivencia sumamente particular en la interacción con el Otro de la cultura, por lo que la sexualidad es particular no es propia aunque hay un empuje por apropiarla y ahí esta la diferencia. La diferencia será no solo hombre-mujer sino como generalidad pero qué nuevos ideales suplantan a la identificación hombre-mujer, si en caso utópico lo transexual se introdujera en la esféra social como un cuerpo que importa. Pienso que no podemos hacer más una constelación acerca de lo femenino o acerca de lo masculino sino acerca de una sexualidad diferente en cada cuerpo. Podríamos pensar que el transexual viene a denunciar que la sexualidad como una diferencia única, aún no nos pertenece a nadie al ser el ideal de la cultura un ideal por una diferencia enteramente binómica.

En conclusión cabe la pregunta por si  ser o no ser y tener o no tener son estructuras de pensamiento, una tecnología de poder derivada de una noción específica del cuerpo en la era moderna. Por supuesto, tecnología de poder vigente hoy y que nos permite pensar los cuerpos  bajo el esquema psicoanalítico. Pero no del todo al trans. ¿Es una tecnologia de poder denunciada por el cuerpo del transexual, como la histeria hizo denuncia del cuerpo de su época y por el que el cuerpo está en una crisis epistémica hoy que es necesaria abordar en  psicoanálisis para seguir pensando y quizás fundante de algo más?

Referencias

1) Foucault, M. Histoire de la folie à l’âge classique, París, Plon, 1961,

2) Foucault, M. La Vida de los Hombres Infames. Ensayos sobre la desviación y dominación. España: La Piqueta, 1989.

3) Preciado, B. (2014). Cuerpos Inapropiables. Conferencia en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona. 10 de julio de 2014. Podcast: http://www.macba.cat/es/audio-beatriz-preciado-cuerpos-inapropiables


[1] Habrá que pensar qué tanto un cuerpo que se resiste a aparecer dentro de la esfera social como un cuerpo habitable,  lucha por otro lado por ser nombrado, legitimado, pensado y cómo esto se juega en la clínica en la relación analizando-analista.

[2] Uso aquí el término “diferencia de los sexos”  como una diferencia que aparece ya como cuerpo (psíquico), diferente a “diferencia sexual” como la diferencia anatómica (somática), inaccesible en tanto solo se puede acceder a ella a través de la palabra.

[3]Foucault, Michel. Histoire de la folie à l’âge classique, París, Plon, 1961,

[4]Foucault, Michel. La Vida de los Hombres Infames. Ensayos sobre la desviación y dominación. España: La Piqueta, 1989.

[5]Preciado, B. (2014). Cuerpos Inapropiables. Conferencia en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona. 10 de julio de 2014. Podcast: http://www.macba.cat/es/audio-beatriz-preciado-cuerpos-inapropiables

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