Was will das weib?

Qué pasa con el escándalo del discurso psicoanalítico con respecto a la mujer? ¿Ha reducido o solo ha cambiado de aspecto?

Freud en su época se enfrentó a una mujer no solo inmersa en la problemática fálica sino también cautiva de un estado de la sociedad sin salida fuera del matrimonio. Hoy es diferente solo en lo segundo, generalmente las mujeres ante un compromiso definitivo corren con el mismo distanciamiento que un obsesivo. Pero no vayamos por la fácil, a pesar de ese cambio, a la mujer en la sociedad actual, se le ofrece un modelo que trabaja bajo la lógica de la histeria entregada a un amo, es una lógica fálica. A la histérica, ser de falta, se le propone el esquema capitalista: tener. Esto le mete en un embrollo pues lo que necesita la histérica para asimilarse mujer no esta en tener sino de aceptar reconocer el enigma del sexo y tomarlo a su cargo. Un problema hoy es que el ideal de equidad de género ha entrado en lo real. Habiendo roto con esquemas anteriores que acarreaban sus problemas también acerca de lo que se supondría que es una mujer, hoy el amor y la feminidad, se encuentra enfermos de semblantes.

El entendimiento de la mujer siempre ha tenido sus problemas. Freud intentó trasladar el Edipo masculino a la mujer pero se encontró con desmentidas por lo que planteó su famosa pregunta “¿Qué quiere una mujer?” (Was Will Das Weib). Esta pregunta dejó entredicho que el Edipo hace al hombre pero no a la mujer. Freud acentuaba que la demanda de amor era propiamente femenina. La variante de deseo en la mujer resultaba estar bajo la forma de tener el amor de un hombre o de un hijo pero no había algo que fuera más allá de esto. Freud se preguntó acerca de la posibilidad de que la feminidad perteneciera al ámbito de la pasividad diciendo luego que esa concepción resultaba inadecuada y cerrando ese capítulo, diciendo que no pertenece al psicoanálisis describir esto. Otros autores, curiosos ante este cierre de tema, más adelante hablaron de que la feminidad no es pasiva sino receptiva de, cosa que implica mucha actividad. Freud a su vez dio cuenta que la referencia del falo no agotaba la cuestión de feminidad, a pesar de hablar de un masoquismo femenino, no confundió el más allá del falo con la pulsión masoquista. El tema quedó abierto.

Más adelante, Lacan apuntó el forcejeo derivado de Freud de trasladar a la mujer a la talla masculina (entendible para la época en que vivía Freud). Lacan, intentando ir más allá, planteó un más allá del Edipo donde la mujer (refiriéndose a la mujer no como sexo sino como posición de feminidad), soporta el ser de la significancia, y va más allá del goce fálico incluyendo este en el goce suplementario que se sitúa en otra lógica que no es de conjuntos como el fálico sino del no-todo. Explicó así que la Mujer (escrita con mayúsculas) no existe, cosa que no impide que la condición femenina sí.

Las mujeres histéricas a diferencia de las mujeres en posición femenina, no pertenecen al registro del no-todo sino que están identificadas a lo que está sujeto a la castración. Algunos analistas y psicólogos les piden en su práctica erróneamente adherirse al todo fálico como en Freud quedando atrapadas de nuevo en un impasse.

Lacan a lo largo de su obra habla en dos vertientes. La primer época, más freudiana (al rededor de 1958), donde habló de la significación del falo y sexualidad femenina y luego otras tesis entre 1972-1973 y en el seminario Aun. Lacan no objetó el falocentrismo del inconsciente, incluso afirmó que el semblante fálico es el significante-amo que ordena a nivel simbólico la diferencia de los sexos y la falta en ser que el lenguaje genera para todo sujeto. Lo que Lacan dijo es que hay una parte del goce que no pasa al Uno fálico y queda real, fuera de lo simbólico por lo que cuando dijo que la mujer no existe se refirió a que ella no es más que uno de esos nombres del goce real. No es que las mujeres (hablando de la mujer en posición femenina) tengan una naturaleza antifálica sino que van más allá del falo.

Freud acentuaba la demanda de amor como propiamente femenina y aquí Lacan no estuvo de acuerdo e insistió en que la falta fálica de la mujer se vuelve un beneficio de ser el falo, ser lo que le falta al Otro, ser lo que no tiene. La mujer en Lacan es entonces ser el falo, ser objeto causa de deseo y finalmente el síntoma en que pone otro su goce. Una mujer en posición femenina se muestra solamente enmascarada pues en esa forma va el objeto causa de deseo, cubierto por el hábito. En la mujer esta mascarada llega hasta una abnegación de su ser (Verwerfung) y esto es lo propiamente femenino.

Es entonces que Lacan se responde a la pregunta de Freud “¿Qué quiere una mujer?”, quiere un deseo extraño a la búsqueda de tener y que no aspira a ser la demanda de amor. Es un goce extasiado que no sabe de qué goza pero es deslocalizado y su causa escapa la representación fálica encontrándose sobrepasado por este goce real.

El hombre afirma su virilidad en el tener, la mujer en posición femenina en el amor, es decir, el amor es femenino. Un hombre cuando ama, ama como mujer, ama porque es sujeto de la falta. En la mujer aquí puede surgir en el amor un plus de tristeza porque en el amor en la mujer no hay un modo de reencontrarse.

La mujer para Lacan es un síntoma (del verbo ser) en tanto se presta como cuerpo a su partenaire para que saque de allí su plus de goce vía inconsciente y por medio de ese gozar del inconsciente, tener acceso al goce del cuerpo (goce fálico). Por esto, algo de la feminidad es rebelde a la socialización de la cultura.

En el encuentro sexual la mujer esta dividida entre el sujeto que ella es como ser hablante (goce fálico) y el Otro que es como hablante ser (goce otro). Es por esto que la mujer es demandante de amor pero entre la pareja siempre queda el muro de lenguaje. Pero, sobre lo real del cuerpo sexuado no se puede decir pues lo real esta fuera de lo simbólico y estamos en relación con eso por el goce. Por esto la mujer en posición femenina solo tiene un decir de sí misma por el brillo de la metáfora, la cosa materna es el lugar de la metáfora.

Cuando una mujer en posición femenina fracasa, seduce, compite por el falo pero raramente recurre al goce sexual que aumentaría el aniquilamiento y por lo tanto la mujer constantemente pregunta si es querida, para asegurarse como sujeto de su enlace fálico. La mujer en posición femenina es veleidosa y siempre en vilo en el plano de su identificación imaginaria.

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